martes, 30 de julio de 2019

Por mucho que nos arrepintamos.




“Atrapado en las obras de sus manos”.
(Salmo 9:16).   

La escritura nos enseña que todo el que peca, morirá (Ezequiel 18:20). Esto, como se ha explicado en otras ocasiones no necesariamente es física, pero sí espiritualmente, siempre. Ahora bien, cuando no se muere física sino espiritualmente, la escritura nos habla que si nos arrepentimos alcanzaremos el perdón de Dios, también siempre, pues así de grande es su misericordia (Hechos 3:19-20). Pero, tendremos qué comprender que el hecho de arrepentirnos y ser perdonados NO nos excluye de las “consecuencias” del mismo. Una pareja no casada tiene un amorío y como consecuencia de ello viene un bebé, ellos pueden arrepentirse y ser perdonados, pero el bebé de todas formas viene, va a nacer y estará allí por el resto de sus vidas. No necesariamente todo pecado tendrá consecuencias para toda la vida, pero sí todo pecado tiene consecuencias. Consecuencias que nada tienen que ver con el hecho de que “sí” se fue perdonado. Judas se arrepintió de haber vendido a su maestro, pero como consecuencia no soportó la vergüenza; David se arrepintió de su pecado con Betsabé, pero el hijo de todas formas murió. De la misma forma, repetimos, nosotros cometemos pecados, que por mucho que nos hayamos arrepentido y hayamos sido perdonados, en ocasiones, tienen consecuencias para toda la vida. 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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