“Atrapado en las obras de sus manos”.
(Salmo 9:16).
La escritura nos enseña que todo el que peca, morirá (Ezequiel 18:20).
Esto, como se ha explicado en otras ocasiones no necesariamente es física, pero
sí espiritualmente, siempre. Ahora bien, cuando no se muere física sino
espiritualmente, la escritura nos habla que si nos arrepentimos alcanzaremos el
perdón de Dios, también siempre, pues así de grande es su misericordia (Hechos
3:19-20). Pero, tendremos qué comprender que el hecho de arrepentirnos y ser
perdonados NO nos excluye de las “consecuencias” del mismo. Una pareja no
casada tiene un amorío y como consecuencia de ello viene un bebé, ellos pueden
arrepentirse y ser perdonados, pero el bebé de todas formas viene, va a nacer y
estará allí por el resto de sus vidas. No necesariamente todo pecado tendrá
consecuencias para toda la vida, pero sí todo pecado tiene consecuencias.
Consecuencias que nada tienen que ver con el hecho de que “sí” se fue
perdonado. Judas se arrepintió de haber vendido a su maestro, pero como
consecuencia no soportó la vergüenza; David se arrepintió de su pecado con Betsabé,
pero el hijo de todas formas murió. De la misma forma, repetimos, nosotros
cometemos pecados, que por mucho que nos hayamos arrepentido y hayamos sido
perdonados, en ocasiones, tienen consecuencias para toda la vida.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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