“No os entristezcáis”.
(1ª. Tesalonicenses 4:13).
Una navidad, un cumpleaños, un aniversario, son fechas perfectas para
que el alma humana recuerde y llore a sus seres amados que han partido antes.
Pero la escritura nos hace saber que, solamente es eso: “tan sólo han partido
antes” que nosotros. El apóstol Pablo predicándoles a los miembros de la
Iglesia en Tesalónica, nos abre una brecha con respecto a la experiencia de la
muerte (la cuál nosotros hemos considerado nefasta), pero que para Dios es tan
sólo el principio de algo maravilloso “sí y sólo sí” somos creyentes. Ahora
bien, que perder a un hijo, a una madre, a un padre, a un hermano o al abuelo
que tanto nos amó, etc. duele, pues claro que duele, pero debemos entender que
si tanto ellos como nosotros vivimos con “rectitud” delante de Dios y de los
hombres, entonces los veremos de nuevo y estaremos con ellos para toda la
eternidad (verso 17). La muerte nos aterra porque nos es algo desconocido,
significa separación, y en ocasiones implica, a quienes nos quedamos, angustias
por diferentes hechos: Como quedarnos con muchas responsabilidades, necesidades,
limitaciones, soledad y hasta grandes temores, etc. Pero, si creemos en Dios y
cumplimos con sus mandamientos, entonces la muerte será tan sólo el principio
de una promesa maravillosa. No entriztecáis.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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