“Oh, almas adúlteras”
(Santiago 4:4).
Cualquiera, creyente
o no creyente, que lea éste verso del apóstol Santiago pensará que se está
hablando de quebrantar el mandamiento del santo matrimonio, pero no. El
contexto inmediato nos muestra otra situación. Veamos cómo nos lo enseña el
apóstol: “Codiciáis, ardéis de envidia, combatís y lucháis porque no lográis
alcanzar lo que queréis” (Santiago 4:1-2). ¿Por qué? “Porque pedís para vuestros deleites, no para
otros”, y, ¿cómo termina el apóstol esos pensamientos? Exclamando: ¡Oh almas adúlteras! Y nos explica el por qué esa situación nos
califica así: Porque implica el NO sometimiento (el divorcio o separación) a la
voluntad de Dios para con nosotros (veamos versos 5 y 7). Alguien sabiamente
dijo: “No podemos evitar que un ave se pose sobre nuestra cabeza, pero sí
podemos evitar que haga su nido allí”. La codicia, la envidia, la frustración,
la decepción pueden llegar a nuestra cabeza y corazón, pero nosotros decidimos
si les damos cabida, y, si combatimos y luchamos por alcanzar tener lo que
queremos (cuando NO es el tiempo de Dios). Pero eso, nos puede llevar al “adulterio
espiritual”(separación) pues no estaríamos sometidos a la perfecta voluntad de Dios. El
secreto para obtener lo que deseamos (pues no podemos negar que lo que
necesitamos sí nos lo proporciona a diario), es humillarnos en su presencia
(verso 10) y estar agradecidos con lo que “sí” nos da, lo cual demostramos
siendo empáticos con la necesidad ajena. ¡Nosotros decidimos!
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario