“Con tribulaciones fuisteis hechos espectáculo”
(Hebreos 10:33).
Proceso: “Conjunto de
operaciones a las que es sometido algo o alguien para sufrir una transformación”.
No hubiera vino, si las uvas no fueran trituradas; no tendríamos aceite, si las
olivas no fueran exprimidas; no tendríamos un cocktail de frutas, si éstas no
fueran peladas y partidas. La duración de un proceso depende del propósito que
tengamos. Un queso fresco común y corriente, lleva “minutos” de proceso; un
queso más elaborado, lleva “horas” de proceso; pero un queso fino, lleva “meses”
de elaboración y cuidados. Así, espiritualmente, nunca llegaríamos a crecer; a
manifestar la gloria de Dios; ni a ser testimonio a otros, si Dios no nos
llevara por un proceso determinado según nuestro propósito “en El”. Veamos
algunos casos: 1- Juan el Bautista, es preparado en “aislamiento” por muchos
años (Lucas 1:80) para un ministerio de año y medio más o menos. 2- Cristo, es
preparado por “30” años para un ministerio de 3 ½ años (Lucas 3:23). Ana, una
viuda profetisa espero alrededor de 50 ó 60 años en el templo para “dar
testimonio” de que el enviado de Dios había aparecido en la tierra (Lucas
2:36-37). Simeón, un hombre justo y piadoso esperó con fe por muchos años la
promesa de Dios, que sus ojos no se cerrarían sin antes ver su gloria, y su
premio fue que él mismo “presentó en brazos” en el altar al enviado de Dios
(Lucas 2:25-28). Todos los procesos son largos, todos duelen, pero todos tienen
una gran recompensa. ¡Dichosos quienes somos procesados!
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario