lunes, 29 de julio de 2019

No es destino, sino una voluntad superior.


  

“Yo, actúo, y ¿quién lo revocará?
(Isaías 43:13).

El artículo dice textualmente: “Con ayuda de los cientos de miles de personas que trabajaron en el programa Apolo de la NASA, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins hicieron realidad la llegada del hombre a la Luna antes de que finalizara la década de los años 60” (Agencia EFE, Edición AMERICA, 16 de Julio 2019). Y, así sucedió. Los viajes espaciales se rigen por un “riguroso” protocolo, y, ese protocolo manifestaba que el hombre más joven había de bajar primero a la luna, para que el más maduro y experimentado se quedara en el módulo por cualquier contingencia. Pero, el duro trabajo y toda la planificación de cientos de miles de hombres, no pudo contra la voluntad y omnipotencia (todo el poder) de Dios. Resulta que la escotilla de Aldrin (quien era el más joven) no se abrió, y le era imposible pasar con su traje espacial por encima de Armstrong, así, la voluntad de Dios se sobrepuso a los planes de cientos de miles de hombres… y cambió la historia. En nuestra caminata espiritual sucede lo mismo, no importan los planes que cientos de miles de hombres tengamos, es Dios quien con todo su poder, decide en dónde nos ubica, cuándo nos ubica, con quién nos ubica, y lo más importante, por qué o para qué nos ubica en ese lugar y momento. Para que nosotros también demos un pequeño paso como hombres, pero un gran salto para la comunidad creyente. Amén.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.




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