lunes, 15 de julio de 2019

¡Por qué no prosperamos!




“El que es generoso prospera”
(Proverbios 11:25).

La escritura es una guía para los creyentes, no así, para el mundo (con la sola excepción de la salvación Juan 3:16-19). Las promesas que allí están, se cumplen “sí y sólo sí”, creemos en un Dios amoroso, grande, bueno, generoso... y que prospera a los suyos. Ahora bien, alguien podrá argumentar que hay gente próspera que no cree en Dios, entonces ¿Qué pasa?. Iniciemos desde el principio, toda persona que trabaja tiene el derecho de prosperar (Proverbios 12:11). Pero, lo que Dios nos ofrece es una prosperidad SIN CONSECUENCIAS NEGATIVAS. ¿Qué significa eso?  Que cuando la bendición de la prosperidad viene de la mano de Dios y no sólo de nuestro esfuerzo propio, dice la escritura otra promesa: “NO se añade tristeza con ella”. Ahora bien, ¡Sí!, necesitamos trabajar para que esa promesa llegue, pues no podemos “esperar” que caiga del cielo; no podemos “suponer” que nos llegará por sí; y mucho menos podemos “pedirla” de otros. Dios NUNCA contradice SU palabra y ésta dicta: “La mano negligente empobrece, más la mano de los diligentes enriquece” (Proverbios 10:4). Tampoco podemos creer que por “hacer” algo por o para Dios, él tenga la “obligación” de darnos prosperidad. Eso sería seguirle por lo que nos “da” y no por lo que él “es” para nosotros. Si no prosperamos es porque no trabajamos, y en ocasiones, aún trabajando no se prospera, pero eso es otro tema.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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