“El que es generoso prospera”
(Proverbios 11:25).
La escritura es una guía para los creyentes, no así, para el mundo (con
la sola excepción de la salvación Juan 3:16-19). Las promesas que allí están,
se cumplen “sí y sólo sí”, creemos en un Dios amoroso, grande, bueno, generoso...
y que prospera a los suyos. Ahora bien, alguien podrá argumentar que hay gente
próspera que no cree en Dios, entonces ¿Qué pasa?. Iniciemos desde el
principio, toda persona que trabaja tiene el derecho de prosperar (Proverbios
12:11). Pero, lo que Dios nos ofrece es una prosperidad SIN CONSECUENCIAS
NEGATIVAS. ¿Qué significa eso? Que
cuando la bendición de la prosperidad viene de la mano de Dios y no sólo de nuestro
esfuerzo propio, dice la escritura otra promesa: “NO se añade tristeza con
ella”. Ahora bien, ¡Sí!, necesitamos trabajar para que esa promesa llegue, pues
no podemos “esperar” que caiga del cielo; no podemos “suponer” que nos llegará
por sí; y mucho menos podemos “pedirla” de otros. Dios NUNCA contradice SU
palabra y ésta dicta: “La mano negligente empobrece, más la mano de los
diligentes enriquece” (Proverbios 10:4). Tampoco podemos creer que por “hacer”
algo por o para Dios, él tenga la “obligación” de darnos prosperidad. Eso sería
seguirle por lo que nos “da” y no por lo que él “es” para nosotros. Si no
prosperamos es porque no trabajamos, y en ocasiones, aún trabajando no se
prospera, pero eso es otro tema.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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