“El hombre natural no
lo puede percibir”
(1ª. Corintios 2:14).
Dice la escritura que
el evangelio es una “locura” para quienes NO conocen a Dios (1ª. Corintios
1:18), y que, el hombre natural entiende lo que es natural en la vida, pero
solamente el espiritual entiende lo que es del Espíritu (1ª. Corintios 2:18).
Así, el hombre natural no está conforme si no le encuentra una explicación
razonable, científica, matemática o lógica a una situación. Mientras que el
espiritual sí logra entender cuando de un milagro se trata. Una persona
espiritual entiende que lo único que pudo lograr ese resultado tan inesperado…
es la intervención de una mano superior, la de Dios. La curación de una enfermedad,
en lo natural, es justificada a lo “atinado” de los médicos; a lo “efectivo” de
las medicinas; a la buena “reacción” del paciente; a lo “oportuno” del
tratamiento, etc. Pero solamente el espiritual entenderá que se trata de un
milagro. El ser “religioso” no implica necesariamente ser espiritual (Mateo
23:25 y 27). Veamos: Cristo “sana” a un paralítico (Mateo 9:2; “sana” a una
mujer con flujo de sangre por doce años (Mateo 9:20); “resucita” a una niña
(Mateo 9:25); le “devuelve la vista” a dos ciegos (Mateo 9:29); “saca” el
demonio de un mudo (Mateo 9:32)… Y, los “religiosos” le dicen: “Por el príncipe
de los demonios echa fuera éste los demonios” (Mateo 9:34). Comprendamos,
naturalmente NO podemos entender a Dios ni lo espiritual, y, ser “religioso” no
implica necesariamente ser espiritual.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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