martes, 27 de agosto de 2019

¿A qué vino? (Parte dos)



                                     
“A liberar a los cautivos”
(Isaías 61:1).

¿A quiénes y de qué vino Cristo a SALVAR? ¿Si allí en la sinagoga los israelitas, los judíos, los hebreos “veían” la verdad, por qué los llamó “ciegos”? ¿Si allí dentro de la sinagoga eran “sanos”, por qué los llamó “quebrantados”?  ¿Si allí eran libres, por qué les llama “cautivos”? ¿Si ellos eran lo “suyo o los suyos”, por qué los “líderes” lo rechazaron e incitaron al pueblo a su rechazo?  Y, por último: ¿Si en la sinagoga tenían la “sana doctrina”, por qué él trae una nueva?  Repetimos: A “TODOS” sus seguidores, Cristo los “sacó” de las sinagogas, los reunió en “casas, aposentos y otros lugares” (Hechos 2:46-47). ¿Por qué en la era de los apóstoles y discípulos ya no se menciona el pueblo de Dios dentro de las sinagogas sino en casas particulares, o, más aún, por qué en lugar de ser “apoyados” por los que se supone eran el “liderazgo de Dios”, más bien los vemos siendo “perseguidos hasta la muerte” precisamente por esas gentes? (Romanos 16:16; 1ª. Corintios 16:19 y Hechos 24 completo). ¿Por qué Pablo vivió, ministró y guió espiritualmente lleno del Espíritu Santo “en y desde” una casa particular alquilada y no en el Templo o en una sinagoga? (Hechos 28:30). Pregunta obligada: ¿Si es el Espíritu Santo quien guía hoy en día a TODOS los líderes (como ellos aseguran serlo), por qué cada uno “impone” sus propias leyes y dice “mi” congregación. Y, en ocasiones esas leyes son diametralmente opuestas a las que impone otro en “su” congregación, quien también dice estar lleno del mismo Espíritu Santo?  ¡No será por eso, porque es “su” congregación y no la del Señor!.  Continuaremos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.





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