miércoles, 28 de agosto de 2019

¿A qué vino? (Parte tres)



                                     
“A liberar a los cautivos”
(Isaías 61:1).

¿Si Cristo el Salvador vino a salvar a quienes NO tenían la verdad, por qué razón no vino primero a los romanos, o, a los pueblos del MUNDO sino a quienes se suponía la tenían y la predicaban? ¿No fue acaso HASTA que su pueblo RECHAZÓ la verdad que él traía, que entonces dijo: “tengo otras ovejas en otro redil a las cuales también tengo que ir a traer? (Juan 10:16). Hagámonos algunas preguntas “muy” importantes ¿Quién SALVA a quien YA es salvo? ¿Por qué Cristo el Salvador trajo toda la intención de SALVAR a su pueblo, si ya era SALVO? ¿Por qué Cristo el Salvador INCITA a que NO se siga a los líderes, si se suponía que éstos estaban en armonía con los cielos? (Mateo 23:13,14,15,16,23,25,27y29). ¿Por qué, insistimos, Cristo SACÓ a TODOS sus seguidores de las sinagogas para llevarlos a reunir en casas familiares, aposentos privados  y montes? Respuesta: En tiempos de Cristo, los llamados centros espirituales estaban MERCANTILIZADOS por no decir PROSTITUIDOS como lo dijo el profeta (Ezequiel 16:8,26,32-38, y vea nuevamente con detenimiento Mateo 23:14 y 31,33 y por qué los condena en verso 35). Preguntamos, ¿El día de hoy, cuántas de las congregaciones que ASEGURAN estar LLENAS DEL ESPÍRITU SANTO DE DIOS, serían dignas que el Cristo pisara sus altares?  ¿No será acaso… Que eso es lo que la escritura nos está mostrando y advirtiendo cuando dice que: “Cristo vino… a dar buenas nuevas a los ABATIDOS; liberar a los CAUTIVOS, y, a dar LIBERTAD a los encarcelados, que nos reunamos otra vez en casas familiares, en aposentos privados y en montes y no en esos centros mercantilistas?. Meditemos. Continuará.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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