“Tendrá recompensa de justo”
(Mateo 10:41).
“Y todo lo que
hagáis, hacerlo de corazón, como para el Señor y no como para los hombres;
sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo
el Señor servís” (Colosenses 3:23). Dios ha prometido la “recompensa” (premio,
galardón o regalo) a aquellos que vean en el prójimo al mismo Cristo, y que así
le sirvan (Mateo 25:40). ¿Qué clase de recompensa o premio ofrece? Pues en ese
mismo verso lo dice: “La” herencia. Fijemos bien la vista en que NO dice “una”
recompensa que indicaría “un” premio, “un” galardón o “un” regalo y ya, sino
que dice “la” recompensa, “la” herencia. Herencia es lo que una persona deja a
otra por amor, por cariño, por gratitud a los servicios prestados, a las
atenciones dadas sin ninguna intención oculta ni interesada. Y, ¿cuál es “la”
herencia de Dios a través de Cristo? Que “seremos llamados sus hijos” (Romanos
8:17) al igual que Cristo, y por lo tanto heredaremos SU reino y estaremos en
donde él está (1ª. Pedro 3:22). Por lo tanto, NO importa si quien recibe un
favor, una provisión, una atención o un servicio de nosotros lo agradece o no
lo agradece, lo aprecia o no lo aprecia, si piensa que debíamos darle más, o, si
cree que se merecía más, etc. Sepamos que nuestro galardón o premio NO vendrá
del reconocimiento de los hombres… sino es “la” herencia eterna de Dios.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario