“Vendrán sobre ti,
todas éstas maldiciones”
(Deuteronomio 28:15).
La humanidad entera
estamos en un deterioro que espanta, las sociedades de todo el mundo estamos
llegando a niveles de irrespeto, corrupción y negligencias que quienes luchamos
por no participar de ellas, estamos viviendo sofocados por la mentira, el
engaño, el abuso, la prepotencia, la falsa justificación (nunca nada es culpa
de nosotros). El egoísmo y la
degradación espiritual son dos de las causas que lo están provocando. ¿Cuál fue
el problema y cuál la solución? El problema es tan antiguo como la solución:
Dios dijo: “Si NO escucháis y obedecéis hoy mi vos… entonces éstas maldiciones
os seguirán” (Deuteronomio 28:15). Pero, también explicó que: “Si la escucháis…
éstas bendiciones os seguirán” (Deuteronomio 28:1). El problema: NO oír a Dios,
olvidarse de él, vivir confiando en nuestras propias fuerzas y decisiones,
vivir creyendo que somos capaces nosotros solos. La solución: Despojarnos del yo,
del orgullo, de la sobreestima en nuestras capacidades, y, poner toda nuestra
fe, nuestra confianza, nuestros planes en manos de Dios. Cualquier plan en
nuestras manos tendrá un destino incierto, pero, cualquier plan en las manos de
Dios siempre tendrá un final feliz (Jeremías 29:11)… siempre, aunque la espera
sea larga. Damos fe.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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