martes, 20 de agosto de 2019

El Valle de lágrimas.




“Atravesando el valle de lágrimas”
(Salmo 84:6).

Toda la escritura y toda vida consagrada a Dios en ella mencionada lo que vivió, lo que la llevó, y la llevará a la presencia de Dios es la “doctrina de la cruz”. El camino difícil pero abnegado; enfrentar las penas, no huir de ellas; pasar la tormenta, no esquivarla; o, peor aún, estarla viviendo y no ser capaces de reconocerla. Cristo en su mensaje de despedida a los discípulos (Juan capítulos 13 al 17) dice textualmente en oración: “Padre, no ruego que los quites de éste mundo, sino que los guardes del mal; no son del mundo pero están en éste mundo” (Juan 17:15-16). Este salmo 84, nos explica muy claramente, que quienes pongamos nuestra confianza en Dios “seguiremos” en éste mundo, aunque ya no seamos parte de él. Pero, que las penas, las tribulaciones, los problemas, las angustias… estarán allí… Por ello es que llama a la vida: “El valle de lágrimas” (Salmo 84:6). Noé, pasó el Diluvio (Génesis 7:6); Abraham, pasó hambre (Génesis 12:10); David, enterró a su hijo (2ª. Samuel 12:18); José, María y Jesús, sufrieron persecución (Juan 2:16); Pedro, sufrió la cárcel (Hechos 12:4); Jacobo el hermano de Juan, fue asesinado por Herodes (Hechos 12:2). Preguntamos: ¿Si el camino de TODOS los creyentes ha sido un Valle de lágrimas, quienes somos nosotros para que el nuestro sea uno de paz, poder y prosperidad… sólo porque líderes “insensatos” nos quieren vender la idea: “que somos hijos del Rey, y que, por lo tanto, nada nos afectará?

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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