“A liberar a los
cautivos”
(Isaías 61:1).
Nos hemos preguntado
alguna vez ¿A qué vino el Cristo? ¿Por qué le llamó Dios Padre: El Salvador?
¿De qué vino a salvar? ¿A quienes vino a salvar? Iniciemos por el principio: 1-
En la era del Antiguo Testamento, en los albores de la humanidad, leemos en
Génesis 12:1-5 que: “Solamente el pueblo elegido por Dios era SALVO, o sea
Israel, los Judíos, los Hebreos”. Los romanos y todos los pueblos de cualquier
parte del mundo estaban CONDENADOS por el pecado. 2- Isaías 61:1 nos dice: “me ungió Jehová; me ha enviado a predicar
buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a
publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”, en una CLARA referencia al Cristo
Redentor . 3- Y, ¿A quiénes vino? ¿A quienes fue enviado? ¡A lo suyo vino! (Juan 1:11) ¿Quién o quiénes
eran lo suyo? ¡El pueblo Israelita, los
judíos, los hebreos, los escogidos! La
prueba es que a ¿Cuál fue el primer lugar al que llegó Cristo el Salvador a predicar
o salvar? ¡Increíble! A la sinagoga de los israelitas, de los
judíos, de los hebreos. Y qué causó entre los “amantes” de la sinagoga y el
legalismo: ¡IRA!, “Tanto así, que no sólo lo echaron de la sinagoga, sino
también de la ciudad” (Lucas 4:21). Preguntamos: ¿Si dentro de la sinagoga eran
“SALVOS”, ¿Por qué Cristo a TODOS sus seguidores los SACÓ de TODAS las sinagogas
para SALVARLOS, llevándolos a reunir en casas, en lugar de MODIFICAR o fundar
una NUEVA sinagoga? Continuaremos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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