viernes, 2 de agosto de 2019

Ni por contienda ni por vanagloria.




“Antes bien con humildad”
(Filepenses 2:3).

¿A quién no le gusta que le reconozcan sus virtudes o sus acciones? ¡Pero también qué molesto es que alguien quiera siempre los primeros lugares, y crea que TIENE que ser honrado con lo mejor! Pablo y Timoteo, enseñando a los creyentes de Filipos, les instruyen acerca de que todo lo que se haga se haga por y con amor, no con intereses ocultos, nada por vanagloria personal o por contender con otros (Filipenses 2:3). Es sumamente dañino cuando alguien en el liderazgo se vuelve prepotente, ambicioso, o descarado. Los apóstoles de Cristo y sus discípulos no fueron así. Es más, en éste contexto de Filipenses, Pablo y Timoteo nos exhortan a que todo lo que hagamos sea para el bien del prójimo sin provecho alguno para nosotros (verso 2:4). Ahora bien, si nosotros lo sacamos, por pequeño que sea, nos enseñan que “ya tuvimos nuestra recompensa” (el reconocimiento, la paga, la honra humana, pero que perdemos la recompensa de Dios) (Filipenses 2:5). Ese, sentir de Pablo y Timoteo fue el mismo sentir del Cristo (Mateo 6:2). Que se necesita publicidad, promoción, etc, para el Ministerio, verdadero, pero de eso, a la exaltación extrema e innecesaria del hombre, o también, interponer intereses personales… hay mucho trecho. No prediquemos la palabra de Dios ni por contienda ni por vanagloria humana, hagámoslo por amor a todo lo que él es para nosotros.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.



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