“Antes bien con
humildad”
(Filepenses 2:3).
¿A quién no le gusta
que le reconozcan sus virtudes o sus acciones? ¡Pero también qué molesto es que
alguien quiera siempre los primeros lugares, y crea que TIENE que ser honrado
con lo mejor! Pablo y Timoteo, enseñando a los creyentes de Filipos, les
instruyen acerca de que todo lo que se haga se haga por y con amor, no con
intereses ocultos, nada por vanagloria personal o por contender con otros
(Filipenses 2:3). Es sumamente dañino cuando alguien en el liderazgo se vuelve
prepotente, ambicioso, o descarado. Los apóstoles de Cristo y sus discípulos no
fueron así. Es más, en éste contexto de Filipenses, Pablo y Timoteo nos
exhortan a que todo lo que hagamos sea para el bien del prójimo sin provecho
alguno para nosotros (verso 2:4). Ahora bien, si nosotros lo sacamos, por pequeño
que sea, nos enseñan que “ya tuvimos nuestra recompensa” (el reconocimiento, la
paga, la honra humana, pero que perdemos la recompensa de Dios) (Filipenses
2:5). Ese, sentir de Pablo y Timoteo fue el mismo sentir del Cristo (Mateo
6:2). Que se necesita publicidad, promoción, etc, para el Ministerio,
verdadero, pero de eso, a la exaltación extrema e innecesaria del hombre, o
también, interponer intereses personales… hay mucho trecho. No prediquemos la
palabra de Dios ni por contienda ni por vanagloria humana, hagámoslo por amor a
todo lo que él es para nosotros.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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