“Dios nos ha dado,
dominio propio”.
(2ª. Timoteo 1:7).
Según los últimos
estudios de la ciencia, el ser humano tiene dos mentes: La emocional y la
racional. Ambas se compaginan constantemente en condiciones normales, pero hay
un factor que las puede llegar a alterar brusca y repentinamente: “La pasión”
(La inteligencia emocional, de Daniel Golman). Sí, la pasión, es el sentimiento
que puede llegar a alterar, y peor aún, dominar la voluntad y la razón, lo que
puede llegar a ser hasta peligroso. Salomón, uno de los hombres más sabios que
ha existido, nos enseña que debemos seguir la sabiduría en todo momento
(Proverbios 16:16). Y no es cuestión de buscarla sino de aplicarla, pues dice
la escritura que Dios ya nos la dio a quienes creemos en él y le seguimos
(poder, amor y dominio propio; 2ª. Timoteo 1:7). Pero, repetimos, entre el
equilibrio de la mente racional y la emocional, si lo permitimos y se entromete
la pasión, es cuando somos dominados e inclinados a realizar actos que muchas
veces no solamente hacen que nos arrepintamos, sino que nos traen muchas y
duras consecuencias. A ese control, la biblia le llama: Dominio propio.
¡Dichosos quienes lo posean!
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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