“Él conoce mis
inquietudes”
(Salmo 139:23).
La Psicología moderna
ha descubierto que los “sentimientos” nos pueden enriquecer. Veamos, nos narra
la historia bíblica que David y Jonatán el hijo de Saúl, tuvieron una amistad
fraternal tremendo (1ª. Samuel 20:17), tanto así que cuando murió Jonatán el
luto de David se hizo evidente (2ª. Samuel 1:11-12). Pues bien, años después de
la muerte de Saúl, David pregunta si no existe algún pariente cercano a él,
para con quien David pudiera demostrar misericordia. La respuesta es clara:
¡Si!, hay un nieto. Cuando David lo hace traer delante de sí, y más cuando se
entera que es hijo de su estimado amigo Jonatán, inmediatamente David muestra
sus “sentimientos”, los cuales enriquecen a Mefiboset en gran manera (como
dijimos que descubrió la Psicología moderna), hasta llegar el extremo que le
fue acreditado un séquito de siervos a su servicio. Sí, las emociones
enriquecen, no solamente a quien recibe sino también a quien da. Si analizamos
a nuestro alrededor, veremos que las personas más felices frente nuestro, son
aquellas que NO piensan en sí mismas y para sí mismas, sino las que piensan y
actúan siempre en función de agradar y servir a los demás (hermanos o no en la
fe). El Señor nos de la gracia, y algún día, lleguemos a ser personas de ese
tipo.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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