viernes, 23 de agosto de 2019

Las emociones.




“Él conoce mis inquietudes”
(Salmo 139:23).

La Psicología moderna ha descubierto que los “sentimientos” nos pueden enriquecer. Veamos, nos narra la historia bíblica que David y Jonatán el hijo de Saúl, tuvieron una amistad fraternal tremendo (1ª. Samuel 20:17), tanto así que cuando murió Jonatán el luto de David se hizo evidente (2ª. Samuel 1:11-12). Pues bien, años después de la muerte de Saúl, David pregunta si no existe algún pariente cercano a él, para con quien David pudiera demostrar misericordia. La respuesta es clara: ¡Si!, hay un nieto. Cuando David lo hace traer delante de sí, y más cuando se entera que es hijo de su estimado amigo Jonatán, inmediatamente David muestra sus “sentimientos”, los cuales enriquecen a Mefiboset en gran manera (como dijimos que descubrió la Psicología moderna), hasta llegar el extremo que le fue acreditado un séquito de siervos a su servicio. Sí, las emociones enriquecen, no solamente a quien recibe sino también a quien da. Si analizamos a nuestro alrededor, veremos que las personas más felices frente nuestro, son aquellas que NO piensan en sí mismas y para sí mismas, sino las que piensan y actúan siempre en función de agradar y servir a los demás (hermanos o no en la fe). El Señor nos de la gracia, y algún día, lleguemos a ser personas de ese tipo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.


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