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“Las guardaba,
meditándolas”
(Lucas 2:19).
Siguiendo con el
ejemplo de María, callando o guardando silencio acerca de un tema tan
importante como lo era el ministerio del Cristo como Salvador, podemos aprender
también para nosotros lo siguiente: ¡Cuán importante es NO divulgar (a no ser
con una persona sumamente confiable) nuestros problemas, dificultades,
sufrimientos, penas, angustias, temores, o sin sabores! ¿Cuál es el problema de
no callar ni siquiera nuestros problemas, o comentarlos con la persona menos
indicada? Que tarde o temprano caemos en el chisme o lo provocamos (Proverbios
20:19). Otra consecuencia de divulgar nuestros secretos está en el hecho de que
generalmente pueden llegar a los oídos equivocados, como sucedió con los magos
cuando le contaron a Herodes acerca del niño (Lucas 2:2-3). ¿Qué efecto causó
en Herodes el haber escuchado el secreto? Que luego dispuso perseguir al niño,
al extremo que ante la incapacidad de no encontrarlo, otros, en éste caso,
niños inocentes, sufrieron daño por ese motivo (Lucas 2:16). Al divulgar
nuestros secretos (especialmente hoy con las redes sociales), podemos llegar a
hacer mucho daño tanto a nuestros hijos, a otros seres queridos, o aún, a
nosotros mismos. Guardemos en silencio nuestros secretos y meditémoslos con el
corazón expuesto a Dios. ¡Funciona!.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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