“Según lo que esté en
su corazón”
(2ª. Corintios 9:7).
Para nosotros los
latinoamericano, tanto norteamericanos
como europeos son demasiado fríos e indiferentes hacia los hijos. Ellos son muy
“pragmáticos” (prácticos) en cuanto a relaciones se refiere, un niño, según
ellos, necesita de sus padres hasta la mayoría de edad, luego, ese joven debe
velar por su propia existencia y punto. Nosotros (los latinos) somos
padres-gallinas, queremos tener a los hijos a la vista, queremos controlarlos,
queremos decidir por ellos, sentimos que NUNCA están preparados para la vida.
Cristo le dijo a Pedro: “ven”, y Pedro caminó sobre el agua, pero, cuando Pedro
inició a hundirse, Cristo no se tiró como loco al agua como lo haríamos
nosotros, simplemente extendió su mano y Pedro se salvó (Mateo 14:30). Lázaro
ya hedía de muerto, pero Cristo no fue ni escandaloso ni dramático, como lo
seríamos nosotros, simplemente le dijo: ¡Ven fuera! Y Lázaro caminó sólo (Juan 11:43). Qué lección
necesitamos aprender aquí, simplemente que a los hijos debemos apoyarlos,
incentivarlos, extenderles la mano para que salgan adelante, aconsejarlos y
guiarlos pero NUNCA hacer por ellos lo que ellos pueden y deben hacer por sí
mismos. Si ellos lo aprovechan, gloria a Dios; pero si no, al menos nosotros
hicimos lo que nos correspondía.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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