“Ve, y lávate siete
veces en el Jordán”
(2ª. Samuel 5:10).
Naamán, era un
General del ejército Sirio, por lo tanto era una persona que estaba educada y
entrenada para recibir y dar órdenes. Pero, como soldado de alto rango, ya
tenía la costumbre de dar, más que de obedecer órdenes. Lastimosamente para él,
con todo y su rango, y todo el bienestar social que ese rango le confería,
Naamán tenía un padecimiento que no sólo le era molesto sino vergonzoso, pues
era leproso en un tiempo en el cuál, no sólo era visto como una consecuencia
del pecado sino también era una enfermedad incurable. Pero, una criada le habla
de un profeta sanador, Eliseo, al cuál podía visitar. Luego de hacer el viaje
para verle, Eliseo ni siquiera lo recibe sino tan sólo lo envía a lavarse siete
veces en el río Jordán (2ª. Samuel 5:10). Naamán entonces se molesta, pero su
empleado lo hace razonar por lo que es sanado. Preguntamos: ¿Por qué fue sanado
Naamán, por el hecho de lavarse o por el hecho de obedecer? Dios dijo en 1ª. Samuel 15:22: “OBEDIENCIA
quiero y no sacrificios”. La obediencia fue la que sanó a Naamán. Pues Dios no
desea sacrificios ni mucho menos autoflagelación en ningún momento, lo que Dios
quiere es que le obedezcamos en todo y en todo momento.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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