Cuando leemos las
escrituras creemos encontrar contradicciones en ella, pero cuando las
estudiamos entonces las entendemos. Dios le dice al pueblo de Israel que
“aquella” noche nadie salga de su casa, pues él los sacará de un pueblo impío
(Egipto) para que vivan (Exodo 11:1). Sin embargo, siglos después miramos lo
contrario, Dios mete a su pueblo a un pueblo impío (Caldeos) para que vivan
(Jeremías 38:2). ¿Y entonces? La respuesta es sencilla: Todo radica en obedecer
a Dios en el momento en el que él habla, pues hay tiempo para todo en la vida
del hombre (Eclesiastés 3:1).
Tenemos que atender
conceptos de Dios como: ¿A quién le habla? ¿Por qué le habla? ¿Para qué le
habla? ¿En qué situación le habla? ¿El tiempo para el que le habla? De lo contrario no vamos a entender sino
vamos a interpretar lo que dice. Y lo malo de interpretar es que lo más seguro
es que dispongamos conforme a los que “más” nos conviene, nos haga sentir
cómodos, o, nos de placer, pero nunca según los pensamientos de Dios (Jeremías
29:11). No son contradicciones, es entender para obediencia.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario