Dios le muestra al profeta
Jeremías, que por el adulterio espiritual de su pueblo, éste será cautivo por
setenta años en Babilonia (Jeremías 25:11). Durante todo su ministerio, el
profeta encuentra oposición del pueblo, de los sacerdotes y de los falsos
profetas. Del pueblo porque no quiere escuchar males sobre sí mereciéndolos
(Jeremías 5:12), y de los sacerdotes y profetas pues declaraba palabra en
contra de sus intereses (Jeremías 6:14).
En similares
condiciones hemos estado en los últimos años, muchos son los falsos predicadores
y profetas que le “hicieron creer” a las ovejas del Señor: “paz, tendremos
paz”; “lo mejor está por venir”; “usted sólo declare y espere”. Esas palabras
proféticas, no nos engañemos, anunciaban TODO eso en lo material NO en lo
espiritual. Y muchos pero muchísimos asistían a la iglesia esperando sucediera
así. La realidad nos indica otra situación, pues lo que vemos hoy es:
“Igualmente será preso el marido como la mujer, tanto el viejo como el muy
anciano” (Jeremías 6:10-1). El problema “nunca” han sido los líderes falsos,
mentirosos y aprovechados que curaban la herida con liviandad; el problema
“siempre” ha sido aquél que escucha a ese tipo de líder queriendo ser curado
con liviandad (Jeremías 5:5 y11).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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