Jeremías, fue uno de
los grandes profetas de Israel en la antigüedad, no fue aceptado, ni apreciado,
ni escuchado. La razón: “Porque no decía lo que el pueblo quería escuchar sino
lo que Dios le guiaba a decir” (Jeremías 37:1 y 19).
Estamos viviendo
tiempos similares. Por muchos años hemos escuchamos en la iglesia a personas
que fungen como motivadoras de emociones positivas más que como profetas, que
dicen lo que el pueblo quiere escuchar, y, mientras más agradable es lo que
dicen, más se llenan las congregaciones. Los grandes hombres de Dios, no fueron
necesariamente populares. Las razones: 1- Fueron “escogidos” por Dios… no por
voluntad propia (Jeremías 1:5). 2- Fueron “enviados” por Dios… no por
oportunismo ni por cubrir una necesidad (Jeremías 1:7-8). 3- No tuvieron un “camino
fácil”… sino al contrario siempre tuvieron oposición (Jeremías 1:19). 4- No
eran personas “de hablar con dulzura”… sino hablaron fuerte y con firmeza (Jeremías
3:13-14). La pregunta del día sería, bajo éstas condiciones: ¿En dónde están
los profetas de Dios, hoy)
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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