Siempre, los ancianos
han sido muy importantes (Números 11:16; 1ª. Timoteo 5:17). Quizás sea esa hoy
la razón, por la cual un grupo maquiavélico e insaciable de poder (irónicamente
de ancianos todos) reclamando mesiánicamente la propiedad y el dominio absoluto
del mundo (Daniel 12:10); una de las primeras medidas que tomó fue encerrar a
los ancianos de todo el mundo, queriendo aislar la “sabiduría” de muchos de
ellos, así como la “experiencia” de todos.
Simultáneamente,
endeudar a los de edad trabajadora para hacerlos sus esclavos, cerrando las
empresas, haciéndolos improductivos y otorgando préstamos engañosos; y,
finalmente alejando a los niños de la educación tradicional para, más adelante,
reeducarlos bajo principios alejados de las leyes de Dios (Apocalipsis 22:11)
(aprobando lo inmoral; eutanasia; aborto consentido; esterilización en masa;
una falsa religión, ideología de géneros, etc… bajo la implantación del “Ecumenismo”,
declarando a lo malo bueno (Isaías 5:20). Por ello, hoy, aún enclaustrados, los
ancianos más que nunca debemos educar el buscar a Dios (Eclesiastes 12:1).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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