Acab, rey que gobernó
Israel alrededor de 900 u 850 años antes de Cristo, no fue un hombre que
agradara al Señor. Tomó por esposa, como agregado, a una mujer maligna que
perseguía a los profetas de Dios incluido Elías (1ª. Reyes 19:1). Fue esa la
razón por la cual el profeta echó sobre ambos una maldición profética: “Por
hacer lo malo delante de Jehová, no quedará varón en la casa de Acab” (1ª. Reyes
21:20-21) y sobre Jezabel: “Los perros comerán tu carne” (1ª. Reyes 21:23).
Ambas profecías se
cumplieron al pie de la letra, pero la que nos impresiona más es la que dicha
sobre Jezabel, por la sencilla razón que lo único que los perros dejaron luego
de comerla fue: su calavera, sus pies y sus manos (2ª. Reyes 9:33). ¿Por qué
impresiona? Por la sencilla razón que fue con su cabeza que fue presurosa de
pies para hacer el mal con sus manos sobre el pueblo de Dios, con razón el (Génesis
1:5; Proverbios 6:18; Salmo 26:10). Meditemos.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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