jueves, 18 de junio de 2020

La calavera, los pies y las manos.




Acab, rey que gobernó Israel alrededor de 900 u 850 años antes de Cristo, no fue un hombre que agradara al Señor. Tomó por esposa, como agregado, a una mujer maligna que perseguía a los profetas de Dios incluido Elías (1ª. Reyes 19:1). Fue esa la razón por la cual el profeta echó sobre ambos una maldición profética: “Por hacer lo malo delante de Jehová, no quedará varón en la casa de Acab” (1ª. Reyes 21:20-21) y sobre Jezabel: “Los perros comerán tu carne” (1ª. Reyes 21:23).

Ambas profecías se cumplieron al pie de la letra, pero la que nos impresiona más es la que dicha sobre Jezabel, por la sencilla razón que lo único que los perros dejaron luego de comerla fue: su calavera, sus pies y sus manos (2ª. Reyes 9:33). ¿Por qué impresiona? Por la sencilla razón que fue con su cabeza que fue presurosa de pies para hacer el mal con sus manos sobre el pueblo de Dios, con razón el (Génesis 1:5; Proverbios 6:18; Salmo 26:10). Meditemos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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