Nos narra la escritura
que Jeremías recibe una palabra de Dios: “Clama a mí, y yo te responderé, y te
mostraré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3). Ahora
bien, el punto principal e importante en éste asunto, es el hecho, que Jeremías
está “prisionero” cuando recibe ésta palabra.
Hoy, por
circunstancias ajenas a nosotros mismos, el pueblo de Dios está literalmente
“prisionero” aunque en casa, y esa situación nos abre paso a uno de dos
caminos: El uno es murmurar y
estancarnos espiritualmente; o, dos, aprovechar el tiempo para acercarnos a él,
y con oración y estudio, pedir que nos muestre cosas grandes y ocultas que por
mucho tiempo no hemos entendido, pero no para vanidad ni provecho propio, sino
para compartir con otros amorosa y gratuitamente como él lo hace con nosotros.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario