A Dios siempre le han
gustado los sacrificios que el hombre pueda hacer para él (Como el de Abel,
Génesis 4:4), pero, prefiere la obediencia, la misericordia (1ª. Samuel 15:22),
y que busquemos su conocimiento (Oseas 6:6). Pero, si hemos de hacer algún
sacrificio físico por él o para él, será mejor que estemos seguros que es el
que él desea y no solamente lo que nosotros disponemos.
Dios bendice cada
sacrificio y ofrenda que le dediquemos, pero que sea con los propósitos
adecuados y bajo su voluntad. Cristo elogió a la viuda que dio sus únicas dos
monedas, en contra parte de lo mucho que dieron los ricos que estaban a la par
de ella (Lucas 21:1). ¿Por qué? Por la simple razón que no dio de lo que le
sobraba, sino de lo que le servía. Muchos somos los que damos de lo que nos sobra,
no de lo que necesitamos. ¡Esa es la ofrenda o el sacrificio que Dios bendice y
con el cual agradamos su corazón!.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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