martes, 9 de junio de 2020

Cuidado con el fuego extraño.




A Dios siempre le han gustado los sacrificios que el hombre pueda hacer para él (Como el de Abel, Génesis 4:4), pero, prefiere la obediencia, la misericordia (1ª. Samuel 15:22), y que busquemos su conocimiento (Oseas 6:6). Pero, si hemos de hacer algún sacrificio físico por él o para él, será mejor que estemos seguros que es el que él desea y no solamente lo que nosotros disponemos.

Dios bendice cada sacrificio y ofrenda que le dediquemos, pero que sea con los propósitos adecuados y bajo su voluntad. Cristo elogió a la viuda que dio sus únicas dos monedas, en contra parte de lo mucho que dieron los ricos que estaban a la par de ella (Lucas 21:1). ¿Por qué? Por la simple razón que no dio de lo que le sobraba, sino de lo que le servía. Muchos somos los que damos de lo que nos sobra, no de lo que necesitamos. ¡Esa es la ofrenda o el sacrificio que Dios bendice y con el cual agradamos su corazón!.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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