Siglo sexto antes de
Cristo, Nabucodonosor invade Jerusalén y le pide a su jefe de eunucos que
trajese, de los hijos de Israel, a jóvenes enseñados en sabiduría y “entendidos”,
entre ellos va un joven llamado Daniel (Daniel 1:4 y 6). Años más tarde, Daniel
tiene una visión y nos narra la escritura que Daniel estuvo tan espantado que hasta
tuvo quebrantos de salud y “no la entendía” (Daniel 8:27). La visión era acerca
del anticristo y para consolarlo Dios le hace saber a Daniel que la visión es
para el final de los tiempos. El punto es el siguiente, si Daniel que era sabio
y “entendido” no entendió la visión, y, tuvo que ser consolado por la palabra
de Dios. ¿Cómo pretendemos nosotros con recursos tan sólo humanos, entender los
enigmas que estamos viviendo? El tiempo ha llegado, y hoy, si no nos tomamos de
la mano de Dios y le pedimos que él nos explique y nos guié lo que está
sucediendo en éstos días, estaremos simplemente dándole nuestro sentido a esos
enigmas cometiendo errores que pueden ser catastróficos. En resumen, hoy: ¡Necesitamos
líderes “entendidos”… no líderes “interesados”.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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