Los llamados profetas
mayores fueron más amigos de Dios que siervos, y a ellos les reveló lo que había
de suceder, que como vemos en el verso, es el rasgo característico de sus
amigos (Génesis 18:17 y Juan 15:15).
El gran problema de
los amigos de Dios, es que cuando NO dicen algo agradable a los oídos del
pueblo, entonces son llamados pesimistas o negativos, y se les tacha de
personas indeseables con las cuales no hay que convivir sino más bien alejarse
de ellas. Pero, el resultado final hace que Dios les dé la razón. Ejemplo, Ezequiel,
no solamente era siervo y sacerdote sino también amigo de Dios, por ello, le fue
revelado el pecado como el castigo que sufrirían tanto su pueblo como los
enemigos del pueblo. Ninguno de nosotros queremos hambres, espadas y
pestilencias en nuestras vidas, pero tampoco, en una gran mayoría del tiempo,
hacemos algo por evitarlas, el punto es, cuando somos reprendidos como pueblo ¿Escuchamos
o ignoramos? (Ezequiel 1:3; 6:11-12).
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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