miércoles, 3 de junio de 2020

Hablaron con Dios y Dios habló con ellos.



Todos los creyentes deseamos que Dios nos hable. Y ciertamente Dios desea hablar con  nosotros también. El problema es que nosotros queremos escuchar de él… lo que “queremos” escuchar  y no lo que “necesitamos” escuchar. Dios nos ha ofrecido, y la experiencia de vida de los santos lo demuestra, que él puede y quiere hablarnos de cualquier manera. Dios habló directamente a Abraham (Génesis 18:18-23). Dios llamó por nombre, siendo un niño y sin conocerle aún, a Samuel (1ª. Samuel 3:1-7). Hizo que una burra le hablara a Balac acerca de su error (Números 22:28). Le envió a Gedeón respuesta por medio de un vellón cuando éste se lo pidió (Jueces 6:36). David necesitó entender una lección y lo hizo por medio del profeta Natán (2ª. Samuel 12:1). Como vemos, Dios nos habla de cualquier forma y directamente, la pregunta es: ¿Por qué entonces muchos buscamos a “hombres” para que Dios nos hable, si su palabra nos muestra que NO es necesario? ¡Entremos en nuestro aposento y hablemos a solas con él y él hablará con nosotros!  (Mateo 6:6).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.                  


No hay comentarios.:

Publicar un comentario