Todos los creyentes
deseamos que Dios nos hable. Y ciertamente Dios desea hablar con nosotros también. El problema es que nosotros
queremos escuchar de él… lo que “queremos” escuchar y no lo que “necesitamos” escuchar. Dios nos
ha ofrecido, y la experiencia de vida de los santos lo demuestra, que él puede
y quiere hablarnos de cualquier manera. Dios habló directamente a Abraham
(Génesis 18:18-23). Dios llamó por nombre, siendo un niño y sin conocerle aún,
a Samuel (1ª. Samuel 3:1-7). Hizo que una burra le hablara a Balac acerca de su
error (Números 22:28). Le envió a Gedeón respuesta por medio de un vellón
cuando éste se lo pidió (Jueces 6:36). David necesitó entender una lección y lo
hizo por medio del profeta Natán (2ª. Samuel 12:1). Como vemos, Dios nos habla
de cualquier forma y directamente, la pregunta es: ¿Por qué entonces muchos buscamos
a “hombres” para que Dios nos hable, si su palabra nos muestra que NO es
necesario? ¡Entremos en nuestro aposento y hablemos a solas con él y él hablará
con nosotros! (Mateo 6:6).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario