Un atalaya, en el
sentido estrictamente “espiritual” (pues en lo natural es una torre que sirve
para vigilar un territorio), es una persona que vigila mientras otros descansan,
para que, en caso de una emergencia o peligro, siempre haya alguien que avise
(Ezequiel 33:2). Pues bien, el trabajo de ese atalaya según nos lo indica la
palabra de Dios, es velar los posibles peligros espirituales para una persona o
grupo de personas, pero, su responsabilidad es limitada por Dios mismo. Pues la
obligación del atalaya es avisar si nota algún peligro; ahora, si la o las
personas que son avisadas hacen caso omiso o no de la alarma… eso ya no es su
responsabilidad (Ezequiel 33:6 y 9). Hay en el mundo actualmente, algunos
atalayas que nos están avisando que los acontecimientos actuales son profecías
declaradas por el propio Hijo de Dios, y nos están avisando que nos preparemos.
El punto es, los atalayas están cumpliendo con su obligación: ¿Estaremos
nosotros poniéndoles atención o los estamos ignorando?
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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